Viajar en Navidad:

Ruta de mercados navideños por República Checa

 

La Navidad, esa época del año que no deja indiferente a nadie. A algunos les emociona, especialmente a los niños, capaces de vivirlas con toda la inocencia e ilusión, a otros les dan pereza las comilonas familiares y la caza de regalos.

Sea cuál sea la emoción que te transmitan, lo cierto es que es una parte muy característica de la cultura de cada país y yo, particularmente, desde que viví en Alemania, volví a emocionarme con estas fechas gracias a las pequeñas y grandes diferencias en el modo de vivirlas de cada país.

Así que, si eres de l@s mí@s, que nos emociona la Navidad y sentimos curiosidad por esas diferencias culturales que pueblan este variopinto mundo, este post te despertará el impulso de salir de tu ciudad y venir a República Checa a sumergirte en esta fría y cálida festividad al estilo checo.

La Navidad en la República Checa

Antes de entrar de lleno en los miles de mercados navideños repartidos a lo largo y ancho del país, vamos a abrir boca o, mejor dicho, a encender el espíritu navideño con algo de cultura checa al respecto.

Aunque la República Checa tiene una de las poblaciones más arreligiosas del mundo –un hecho bastante curioso si tenemos en cuenta la enorme cantidad de iglesias repartidas por su geografía– su celebración de la Navidad es cristiana y, como tal, tiene muchas similitudes a la nuestra.

La Navidad checa, igual que la nuestra, se ha globalizado un poco en cuanto a fechas, marcadas principalmente por el curso del comercio. No obstante, en teoría comienza el primer domingo de Adviento con el acto simbólico de prender la primera de las cuatro velas de la corona de adviento que suele haber en cada casa. Esta vela arderá hasta consumirse, y las tres restantes se irán enciendo cada domingo siguiente hasta la Nochebuena.

Con el primer día de adviento se comienzan a preparar los dulces navideños o cukroví en casa, que no pueden faltar sobre la mesa durante estas fiestas.

La siguiente fecha clave la marca la llegada de Sv. Mikuláš –San Nicolás–, que es el equivalente checo (aunque también de otros países como Alemania o Dinamarca) de Papá Noel.

La noche del 5 al 6 de diciembre, San Nicolás llega a tu casa acompañado de un ángel y un demonio y, si te has portado bien, te trae un regalito o, si has sido mal@, te deja patatas o carbón. Eso sí, si dejas un calcetín colgado en la ventana por la noche, seguro que habrá alguna golosina dentro al día siguiente.

La noche del 24 de diciembre, globalizaciones aparte, es tradición cenar milanesa de carpa. Es típico ver en los mercados navideños de República Checa os tanques de agua con carpas vivas para que elijas la que más te guste. Además, sus escamas también servirán para llamar a la buena suerte, colocando una debajo del plato en el que se come la cena.

Una vez terminada la cena, llega la hora de los villancicos, de abrir los regalos, y de algunas tradiciones como la de cortar una manzana por la mitad y ver si el corazón tiene forma de estrella, en cuyo caso, tendrás salud y suerte en el año que entra. O la de fundir plomo en una cuchara con la llama de una vela y arrojarlo en un vaso de agua fría. Una vez solidificado, los espectadores tratan de adivinar qué le deparará el futuro a la persona que lo ha fundido según la forma que toma el plomo.

Seguramente, a estas alturas ya estás metid@ de lleno en el espíritu navideño, así que ya es hora de presentarte mi selección particular de mercados navideños en República Checa.

Praga: La reina de los mercados de Navidad

Praga cuenta con un mercado de navidad casi en cada plaza del casco histórico y más allá, así que, prácticamente, te vas topando con ellos según paseas por la ciudad.

El mercado de Navidad más tradicional de la ciudad y uno de los más antiguos de Europa, es el de la Plaza de la Ciudad Vieja que, probablemente, sea uno de los primeros lugares que visites durante tu estancia en esta increíble ciudad.

Si llegas, por ejemplo, desde el majestuoso barrio de la Malá Strana atravesando el puente de Carlos, lo primero que captarán tus sentidos antes de llegar a divisar la plaza será el dulce olor de la canela, el azúcar y la almendra de los populares Trdelník, una masa de harina que se enrolla en un pincho de madera (tdrlo) empapada en una mezcla de azúcar, canela y almendras trituradas y se asa al fuego de brasas de carbón.

Se consumen especialmente en estas fechas, aunque se pueden encontrar todo el año. Los encontrarás con Nutella, en forma de cucurucho y rellenos de frutas y nata o con helado, y te aseguro que, aunque no seas muy de dulce, te costará resistirte. Puede que ese olor se mezcle con el de las brasas en las que se asan salchichas, piernas de cerdo o queso ahumado.

 

A medida que se avanza por las estrechas calles, además de muchas cabezas, las luces navideñas que iluminan esta espectacular plaza inundan la vista y hasta el corazón. El día 1 de diciembre se realiza el primer encendido del tradicional árbol acompañado de los miles de curiosos visitantes y de música acorde. Tras el punto álgido en que se enciende la estrella que corona el árbol, miles de aplausos inundan la plaza y el espíritu navideño queda instalado en todos los presentes.

 

Callejeando un poco más allá nos encontramos con el extenso mercado de la Plaza de Wenceslao, que abarca toda la longitud de este particular enclave comercial de Praga, que más que una plaza, es una avenida.

En él podremos, además de seguir admirando artesanía navideña y de todo tipo, hacer un alto en el camino para degustar una de las múltiples bebidas calientes que ofrecen los mercados navideños, como el ponche, el vino caliente, manzana, pera o sidra calientes. Os aseguro que, con las bajas temperaturas y tras un largo día de paseos por la ciudad, es de lo más reconfortante.

Eso sí, dependiendo de la hora a la que vayas y, especialmente el día 1, puedes encontrarte con una gran cantidad de gente.

Si te acercas por el Castillo de Praga, y mi consejo es que no te lo pierdas porque, sea Navidad o no, es espectacular, en el interior del recinto y sin necesidad de pagar entrada, encontrarás un precioso mercado a los pies de la imponente Catedral de Praga que te cautivará.

En él podrás admirar de nuevo la artesanía, especialmente en cristal, madera y cerámica, además de seguir degustando la rica comida y bebida caliente, ya que las variantes son tantas, que te dan ganas de ir probando una por una en cada mercado de Navidad.

Además de estos mercados y los muchos otros que puedes encontrarte por la ciudad, merece la pena visitar el de Havelská, un mercado abierto todo el año y dedicado a la venta de todo tipo de enseres y artesanía, pero que en estas fechas se viste de Navidad. También el de la plaza frente al Museo del Comunismo, muy cerca de la Torre de la Pólvora o el de la Náměstí Míru o Plaza de la Paz.

Olomouc: Ponche, nieve y diversión

República Checa es mucho más que Praga, y si tienes varios días, merece la pena acercarse a otras ciudades como Olomouc.

A algo más de dos horas y media en tren, o tres horas en coche, se encuentra esta preciosa y emblemática ciudad de la región de Moravia, que cuenta con una gran cantidad de monumentos históricos, entre los que destaca su reloj astronómico del siglo XV. Nosotros hicimos el trayecto con Leo Express y la verdad es que la ruta es muy bonita.

En la misma plaza del reloj se encuentra el mercado de Navidad, que, aunque similar al de Praga, cuenta con artesanía y productos locales que no podrás ver en otra parte.

 

Una curiosidad y diferencia con nuestra cultura navideña es que, a pesar de que los Reyes Magos también están presentes en República Checa, los niños no escriben sus cartas a estos, sino al Niño Jesús o Ježíšek, que es quien trae los regalos y monta el árbol de Navidad allí. En algunas casas, el árbol de Navidad no adorna el salón, sino que se prepara durante la noche del 24 al 25 en una habitación cerrada para que los niños lo descubran junto a los regalos.

Para facilitar el “envío” de las cartas de los niños, algunos mercados de Navidad como el de Olomouc cuentan con “buzones” especiales como este:

A los checos les gusta tanto como a nosotros representar el nacimiento de Jesús en el pesebre, así que podrás encontrarlo en múltiples formas en los diferentes mercados.

Además de pasearte por los puestos, esta bonita ciudad cuenta con opciones de ocio que harán tu estancia más divertida, como patinar sobre hielo bajo un manto de luces navideñas o recorrer el centro en la Oloslap, una “bicibirra” o más bien biciponche, porque en esta época del año, el frío se combate mejor con una bebida caliente, además del pedaleo imprescindible para mover este tándem de diez asientos.

Fotografía por cortesía de Veronika Hradilikova

Loket: Mercados navideños medievales

Si buscas un lugar especial y diferente en República Checa, enclavado en un escenario medieval con personajes vestidos de aquella época, no puedes perderte el mercado de Navidad de Loket ni su castillo gótico del siglo XII perfectamente restaurado y conservado.

Este pequeño pueblo de cuento con alrededor de 3000 habitantes se encuentra en la región de Bohemia, a tan solo 140 km de Praga y a 14 km de Karlovy Vary, la ciudad balneario fundada por Carlos IV en el siglo XIV.

La belleza del pueblo y el castillo es tal, que su mercado de navidad solo puede ser igual y superior.

Los vendedores de los puestos van vestidos con trajes medievales y demuestran en directo la artesanía que venden, fabricada a la vieja usanza.

Espero que os haya contagiado el espíritu navideño y estéis deseando salir a visitar mercados navideños en República Checa. ¡Feliz Navidad! – Veselé Vánoce!

 

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