Historia y arte: Ruta gótico-barroca por República Checa

 

Personalmente, cuando preparo un viaje no suelo informarme de antemano sobre la historia, el patrimonio o la cultura del país, sino que más bien me gusta ir descubriéndolo sobre la marcha e informarme a posteriori si el lugar me produce determinadas sensaciones.

En el caso de la República Checa, aunque sabía de antemano que Praga contaba con un sinfín de edificios bonitos y es considerada una de las ciudades más bellas de Europa, me sorprendió gratamente la enorme cantidad de patrimonio y el buen estado de conservación del mismo.

Cuando esto me pasa, tengo que satisfacer mi curiosidad y averiguar por qué este país cuenta con esta inmensa riqueza, especialmente en dos estilos arquitectónicos: el Gótico y el Barroco.

¿Tú también tienes curiosidad? Acompáñame que te cuento!

Basílica de la Visitación de la Virgen María, Olomuc

 

Datos históricos de interés de República Checa

La historia de la República Checa, y de Praga en concreto, entre los siglos IX (siglo en el que se funda la ciudad de Praga) y XIX está especialmente marcada por disputas religiosas y territoriales.

Y es que uno de los precursores del Protestantismo fue el checo Jan Hus, rector de la Universidad Carolina, además de teólogo y filósofo. En una época en que la Iglesia Católica estaba perdiendo credibilidad por su decadencia moral, cada vez más personas mostraban su desacuerdo y el deseo de reformar en profundidad el sistema.

Tras la ejecución en la hoguera de Jan Hus acusado de hereje, se suceden más de dos siglos de guerras entre católicos y husitas (seguidores de Hus y partidarios de la reforma) y, más adelante, entre católicos y protestantes. La Paz de Westfalia pondría punto final a la Guerra de los 30 años que azotó Europa y al tan prologando pulso religioso, que diezmó la población checa reduciéndola de 3 millones a ochocientos mil habitantes.

El resultado fue la victoria del catolicismo y, concretamente para los entonces Países Checos, el traslado de su capital a Viena bajo la dominación del imperio austriaco.

En los años posteriores hasta el siglo XIX, Bohemia y Moravia se desarrollaron notablemente gracias a su industria y Praga, aunque arrebatada su condición de capital, vuelve a convertirse en uno de los centros culturales más importantes de Europa.

 

Praga: Sombras góticas y luces barrocas

Si hay algo que caracteriza a la República Checa es que la historia se palpa casi a cada paso gracias a la enorme cantidad de patrimonio que posee y al gran trabajo de conservación de este país, aunque bien es verdad que, a diferencia de otros países europeos, los sucesivos y catastróficos bombardeos que azotaron el mundo durante la Segunda Guerra Mundial casi “esquivaron” la República Checa (por su puesto, alguno hubo, por ejemplo en 1945 en Praga, y se cobró la vida de más de 700 personas, además de destruir el ala este del Ayuntamiento de la Ciudad Vieja).

Y, aunque hay multitud de estilos arquitectónicos en este país, el gótico y, especialmente, el barroco, son los que más predominan a lo largo y ancho de su geografía.

Se podría decir, aunque siempre depende de cada país, que el gótico y el barroco son como el yin y yan, la luz y la sombra, la sobriedad y el exceso; y, en República Checa, también es posible apreciar la escala de grises entre ambos a través de la fusión de estilos en la decoración de su patrimonio, tan bien conservado, que deja ver con naturalidad el paso de los años y las modas.

Es el caso, por ejemplo, de una de las obras más significativa y vistosa en nombre de uno de los reyes más relevantes de la historia checa, Carlos IV.

El homónimo Puente de Carlos –Karlův most se empezó a construir en 1357, pero las 30 estatuas que lo adornan no fueron esculpidas y colocadas en el puente hasta el siglo XVIII y muestran un claro estilo barroco. Como curiosidad acerca de este puente, astrólogos y numerólogos llegaron a la conclusión de que Carlos IV debía asistir a la colocación de la primera piedra a las 5:31 del 9 de julio de 1357, lo que conforma la serie capicúa de 135797531, dígitos impares ascendentes y descendentes que se encuentra grabada en la torre de la Ciudad Vieja.

También durante su reinado, una de las épocas más prolíferas de los Países Checos, se inició la construcción de otro de los highlights praguenses, la catedral de San Vito, situada en el corazón del Castillo de Praga. Su construcción, no obstante, se extendió durante 600 años, siendo completada en 1929. En exterior destacan, entre otros elementos, las magníficas, a la par que oscuras, gárgolas que vigilan la fachada.

Y, mientras el exterior nos parece sombrío (tal vez porque el paso de los años ha dejado casi negra su fachada), el interior, paradójicamente, arroja luz y exuberancia barroca entre elementos típicos góticos como los nervios y los arcos apuntados.

Otro ejemplo de esta fusión es la iglesia de San Pedro y San Pablo enclavada en el otro castillo de Praga, el Vyšehrad, situado en la orilla opuesta del río Moldava.

Su construcción fue ordenada por el rey Bratislao II en el siglo XI. Tras quedar destruida en un incendio, fue reconstruida en el s. XIX en estilo neogótico y, posteriormente, en el s. XX dotada de una decoración interior de estilo modernista que queda elegantemente fusionada con el estilo gótico del edificio.

 

Pero, Vyšehrad, además de fusionar estilos arquitectónicos, es un hervidero de leyendas oscuras y fantasmagóricas, como la que dice que desde lo alto del castillo, la célebre princesa Libuše profetizó el surgimiento de una ciudad, “cuya fama llegaría hasta las estrellas”. O la de los 34 fantasmas que moran la fortaleza, entre los que se encuentran la doncella negra, los perros negros e ígneos o las veinte damas blancas, entre las que está la propia Libuše.

 

Muchas de las leyendas y gran parte de los fantasmas rondan en torno a su imponente cementerio, que es, sin duda, uno de los elementos que más destaca en este complejo e incluso en Praga. En él descansan los personajes más ilustres de la historia checa: pintores, músicos, políticos, deportistas o actores han recibido sepultura aquí. En sus columnatas y callejones abundan grandiosas esculturas que velan por las almas de los que allí yacen.

 

Olomouc: La joya barroca de la República Checa

No me he centrado demasiado en el barroco praguense, y no porque no tenga joyas clave del arte barroco checo como con su famosa Iglesia de Santa María de la Victoria y San Antonio de Padua, que alberga la escultura del Niño Jesús más reputada.

He querido reservar este espacio para salir de la también apodada la Ciudad de las Cien Torres para enseñaros la que se considera “joya” del barroco, Olomouc, sede de príncipes, antaño centro nuclear de la Gran Moravia y posiblemente, la ciudad más bonita de esta región.

Entre sus muchos y afamados elementos arquitectónicos, cabe destacar la imponente columna de la Santísima Trinidad.

Situada en pleno casco histórico de la ciudad, fue levantada en 1740 (en pleno auge del barroco) como expresión de gratitud a Dios, después de que la peste negra arrasara una parte considerable de la población en el siglo XIV. Aunque esta columna expresa algo más que agradecimiento, yo diría que exuberancia religiosa con su gran cantidad de estatuas que se elevan hacia el cielo.

Durante la Guerra de los 30 años, Olomouc quedó prácticamente destruida y es por ello, tal vez, que contiene tanto barroco concentrado en una cantidad de terreno relativamente pequeña.

En la misma Plaza Alta podemos seguir respirando barroco en las fuentes decoradas con escenas mitológicas como la de Neptuno, rodeada de un escenario de coloridas casas barrocas.

También pueden apreciarse detalles barrocos en las fachadas de los edificios de la plaza, que facilitaban la identificación de las casas cuando no existía un sistema de denominación de calles.

 

Otro de los grandes y muchos tesoros de esta encantadora ciudad es la iglesia de San Mauricio, que aunque de estilo gótico tardío, contiene uno de los órganos barrocos más grandes de Europa, adornado con varias esculturas de mármol que parecen custodiarlo.

Muy cerca de aquí nos encontramos con otra iglesia barroca de las que arrojan luz y color, la de Nuestra Señora de las Nieves.

Y, saliendo del centro de la ciudad, podemos encontrar otro de los grandes representantes del barroco, la Basílica de la Visitación de la Virgen María, que se ha convertido en un importante lugar de peregrinación al que acuden numerosos peregrinos cada año.

En su interior, que lamentablemente no he podido fotografiar al estar prohibido, se palpa en cada ángulo la ostentosidad y las luces barrocas arrojadas por el pan de oro tan ampliamente usado en la decoración barroca.

 

Y, para terminar, aunque Olomouc sea conocida por su barroco, también posee elementos góticos tan impresionantes como la imponente Catedral de San Venceslao, reformada en el siglo XIX con estilo neogótico que se aprecia, por ejemplo, en la colorida decoración de pilares y nervios.

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NOTA: Aunque este artículo es fruto de un viaje al que fui invitada por la Oficina de Turismo de República Checa, todas las opiniones que doy son mías y no han sido coaccionadas.

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