RUTA POR ISLANDIA

EL OESTE DE ISLANDIA Y SUS FIORDOS EN 2 DÍAS

Artículo escrito y fotos tomadas por nuestro lector J.J.

Islandia es lo que yo llamo un país completo, es decir, un país en el que vayas a la parte que vayas tienes cosas que ver, cosas que hacer y paisajes con los que deslumbrarte. En base a ello programé mi viaje por el oeste de Islandia en dos partes diferenciadas, que las recorrería en coche de alquiler:

1- Provincia de Snaefellsnes

2- Los fiordos del oeste

Es necesario realizar el recorrido en coche de alquiler ya que en cuanto a transporte público o autobús no existen opciones. Cuando preparé el recorrido intenté informarme sobre el estado de las carreteras ya que tenía entendido que las carreteras del norte de Islandia no estaban asfaltadas en su totalidad. Efectivamente algunas de ellas no estaban asfaltadas como relataré más adelante pero esto no fue un impedimento para coger el toro por los cuernos y salir hacia el norte una vez visité el Círculo Dorado.

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Alquiler de coche en Islandia, seguro y estado de las carreteras

Conviene (aunque yo me arriesgué) al recoger el coche, contratar un seguro que cubra la posible rotura de lunas por piedras que salten y por pinchazos. Es algo bastante habitual en estas carreteras algo apartadas y que nos puede evitar un disgusto.

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Islandia: consejos y curiosidades

Islandia: preparativos para un viaje de 10 días

 

Principalmente elegí esta parte por ser la gran desconocida del país y porque previsiblemente iba a evitar las aglomeraciones turísticas, cosa que en mis viajes es una prioridad.

Comencé la ruta durmiendo bien temprano ya que la planificación en principio era un día en Snaefellsnes y otro en los fiordos. Dormí esa noche en el camping municipal de Akranes, un pueblecito que está al norte de Reykjavik. Al llegar a última hora de la tarde no había nadie en la oficina y al irme temprano pasó lo mismo por lo que esa noche me salió gratis. Decir que todas las noches dormí en tienda de campaña en diferentes lugares, sobre todo por tener más contacto con la naturaleza y ya de paso ahorrar unos eurillos.

Ruta por la península de Snaefellsnes en Islandia

Desperté temprano y salí hacia el norte, entrando casi de inmediato en la península y sin previo aviso comencé a encontrar diferentes cascadas, todas ellas preciosas, cascadas en las que no ponía el nombre de ninguna de ellas, ni había visto ni leído nada en internet. Cascadas que pude disfrutar en soledad, sin nadie más en el lugar. Alguna de ellas era una desembocadura de un río directo al mar y otras eran caídas de 30-40 metros. En todo momento y desde el mismo coche, las vistas son impresionantes. Se divisaban al fondo las montañas que pueblan toda la península, nevadas en sus partes más altas y bordeadas por el mar.

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La carretera estaba en perfecto estado y el tráfico era muy escaso y por momentos totalmente inexistente, cosa que se agradecía ya que era difícil apartar la vista del horizonte montañoso mezclado con un verde que casi se volvía estridente y dejando a la izquierda el mar que se hizo compañero de viaje durante todo el recorrido por la península.

Unos kilómetros más delante y continuando por la carretera 54, pasado Vegamót, divisé un camino que mi Wikiloc me señalaba como un punto de interés pero que no tenía señal alguna en la carretera. Pasados unos minutos aparqué el coche y después de caminar unos diez minutos me encontré en una preciosa grieta que se abría en la montaña. Una vez dentro me encontré un panorama de película. Una garganta de no menos de 50 metros de altura, unos 4 de ancho. Por su suelo pasaba un pequeño río y conforme te adentrabas en la grieta ibas viendo pequeños saltos de agua.

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En la parte alta de la garganta multitud de pájaros volaban cerrando un lugar de cuento. Allí sí que encontré algún visitante más pero pasados unos minutos me quedé completamente solo de nuevo. Pude disfrutar del lugar, de ese olor a musgo húmedo mientras escuchas el sonido del agua cayendo. Un privilegio para los sentidos. Al igual que las cascadas, no encontré información sobre este lugar en sitio alguno y son estas cosas las que hacen que para mí el viaje se convierta en algo más que hacer turismo en un país extranjero.

Me costó dejar ese lugar pero el panorama pintaba demasiado bonito como para encariñarse de un sitio en concreto. Me dirigía al parque natural de Snaefellsjokull, presidido por los dos volcanes, Snaefellsjokull y Stapafell. Los fui divisando mientras me aproximaba y cogí el camino que salía a la derecha y que indicaba su dirección, mientras dejaba a la izquierda al Stapafell (el más bajo de los dos con 526 metros sobre el nivel del mar). El camino es de grava y bastante empinado pasados unos dos o tres kilómetros por lo que aparqué y continué a pie.

Es la parte en la que está grabada la película La vida secreta de Walter Mitty.

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Había leído que se podían contratar excursiones a lo alto del volcán y que hacerlo por cuenta propia era peligroso debido a la cantidad de nieve y al uso recomendado de material de montaña (crampones y piolets) que yo no poseía, pero los precios de estas excursiones me parecieron excesivos y opté por ascender a pie hasta un punto medio sin llegar a la nieve y quedarme un buen rato contemplando el volcán Snaefellsjokull. La parte baja está repleta de una especie de musgo gordo y muy muy esponjoso en el que tumbarse es lo más parecido a un colchón viscolástico, y allí con un sol precioso estuve la verdad que no sé cuanto tiempo con esas vistas que te quitan el hipo, viendo las nubes pasar por la cima del volcán.

Continué mi viaje por la 54 y llegué a Hellnar, un pueblecito de pescadores que al menos para mí no tenía ningún atractivo especial que me hiciera quedarme por lo que lo dejé a un lado y me fui directo hacia los acantilados de Bufubjarg, que son unas formaciones rocosas de diferentes formas que están superpobladas de aves con un mar cristalino que las rodea. Son unas vistas bonitas y que merecen una buena parada.

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Estaba llegando a la parte más exterior de la península, siempre rodeando el Snaefellsjokull, que presidía todo el recorrido. En este punto la carretera deja la costa y se adentra unos kilómetros para recortar el borde de la península y para llegar a la parte de Saxhöll, lugar donde se encuentran tres pequeños volcanes a los cuales puedes subir por unas escaleras construidas para ello, arriba se tienen unas bonitas vistas del Snaefellsjokull de fondo.

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Tocaba reponer fuerzas y comer algo ya que me aproximaba a la parte norte de la península y en mi mapa aparecían tres pueblecitos, en el segundo de ellos, Rif, monté mi camping gas y comí mi menú del día que era el mismo que el día anterior y que el siguiente. Ninguno de estos tres pueblos tienen nada de especial más allá de la tranquilidad absoluta de sus calles.

Siguiendo por la 54 y sin perder nunca de vista al Snaefellsjokull, llegué a Grundarfjoudur, otro pequeño pueblo, y a partir de ese momento una preciosa carretera bordeada por mar a un lado y por montañas nevadas a otro, se convirtió en un precioso camino de grava bordeado por montañas a ambos lados ya que se adentra unos kilómetros tierra a dentro. Fue un tramo sin ningún tipo de aliciente ni interés más allá de que no me saltara una piedra al cristal y no pinchara el vehículo, pero cuando parecía que la intensidad del día bajaba al mínimo me encontré con otra ce esas preciosas y gigantescas cascadas de Islandia, ésta sí con más turistas, que me hizo abrir los ojos al máximo de nuevo.

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Flanqueada por el mar y por gigantescas montañas, hacían que el entorno fuera de una belleza máxima, de estos momentos que no sabes ni donde ponerte para sacar la foto y que la quieres sacar rápido para poder contemplarla sin interrupciones. Un lugar de en sueño.

Me fui de esta cascada sin nombre y continué sin mucha más novedad hasta abandonar la península, eran ya las ocho de la tarde y aunque no anochece en estas fechas en Islandia, el cuerpo si que pedía algo de tregua.

Giré a la izquierda para coger la carretera 60 que me llevaba directamente al norte y a los fiordos y una vez llegué a Laugar entré en el primer camping que encontré y allí pasé la noche. Esta vez sí por 1000 coronas (7.5€) con derecho a baño y ducha.

Ruta por los fiordos del oeste de Islandia

Amanecía temprano de nuevo para poner rumbo al norte. Me adentré en los fiordos por la 62 que sí estaba asfaltada y bordeando una preciosa costa montañosa, verde mezclado con marrón y con nieve en lo alto. No había nada de especial pero a la vez todo el recorrido tenía una belleza cautivadora. Apenas me crucé con vehículo alguno y pude disfrutar de un par de horas de conducir tranquilo y del paisaje hasta que llegué a lo que para mí ha sido la estrella del viaje. La cascada de Dynjandi. Un monstruo de agua cayendo desde no sé cuantos metros, y que se pierde en otros cuatro saltos de agua más. Flanqueada por dos fiordos y con el mar por un lado y el sol por otro. Una estampa que impresiona.

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Subí hasta la parte más alta después de caminar hacia arriba unos 20 minutos, sin poder evitar pararme cada pocos pasos para contemplar lo que tenía delante y emocionado por estar viviendo esos momentos allí.

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Una vez arriba el espectáculo era de leyenda. Agua cayendo sin descanso con una fuerza desmesurada y una bruma húmeda que mojaba todo. Por supuesto el sol y el arco iris no querían perderse semejante espectáculo y vigilaban atentos la escena. Me senté en una piedra algo protegido de la bruma y permanecí allí no sé cuanto tiempo mirando al horizonte. La emoción del momento era insuperable.

Pude ver también que en la parte baja de la cascada se puede acampar gratis y maldije al cansancio del día anterior que me impidió continuar hasta allí y dormir en ese paraíso. Aconsejo encarecidamente a visitantes dormir allí con la tienda. Ni el mejor hotel del mundo puede igualar eso y encima gratis, imperdible.

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Con toda la pena de mi alma tuve que dejar aquel lugar para continuar mi viaje si quería recorrer en ese día el resto de la carretera 61 que pasa por los fiordos.

El trayecto es un camino de contrastes. Se recorren fiordos repletos de verde con el mar a un lado y se atraviesan montañas que en su parte superior se parecen más a un paisaje andino que a Islandia, con lagos y más lagos, sin apenas vegetación alguna. Ese contraste hace que el recorrido sin tener ninguna atracción en concreto, se convierta en una atracción en todo su conjunto.

Llegué al pueblo de Isafjordur a eso de las tres de la tarde y allí monté mi camping gas de nuevo para comer, aún impresionado por lo que había visto en Dynjandi, pensando en si algo así podía ser real.

Con el estómago lleno partí para recorrer los últimos fiordos y poner rumbo al sur, apurando los últimos kilómetros hasta coger la N1 de nuevo pasar la noche otra vez en Akranes, mismo camping y otra vez por las horas de llegada y salida del camping, otra vez gratis. Buen final.

Como conclusión decir que recomendaría sin ninguna duda a cualquier persona que visite Islandia ir a visitar tanto el oeste como los fiordos. Las carreteras en un 80% están asfaltadas, hay pueblos y gasolineras donde comer y abastecerse sin problemas durante todo el recorrido y lugares donde dormir no faltan tampoco.

Es un recorrido ideal si se buscan lugares tranquilos, sin autobuses turísticos, sin excursiones, sin aglomeraciones, sin ruido. Disfrutando de la naturaleza más pura y de la que para mí es la mejor forma, en soledad.

 

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Sigue nuestra ruta de 10 días en estos artículos:

– Preparativosacampada y ruta 

– Tierra de contrastes: Consejos y curiosidades

– Día 1: Crónica de las primeras 44 horas

– Día 2: El círculo de oro y la cascada sorpresa

– Día 3: Recorriendo el sur y encontrando Mordor

– Día 4: Un día entre hielo e icebergs: Skaftafell y Jokullsarlon

– Día 5: Selfoss y Dettiffos: las cascadas mágicas del Parque Natural de Jökulsárgljúfur

– Día 6: Los alrededores del lado Myvatn: Cráters, fumarolas, Dimmuborgir y la Laguna Azul de Norte

– Día 7: Por el norte hasta la península de Snaefellsnes

– Día 8: Trekking en Snaefellsnes y Reykjavik de noche

PRESUPUESTO DEL VIAJE: Presupuesto viaje a Islandia

LO MEJOR DE ISLANDIA EN UN SOLO VÍDEO: Inspired by Iceland

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