Camboya – Ecoturismo en la jungla de Chi Phat

Durante la preparación del viaje una de las partes que más ilusión nos hizo cerrar fue la visita a la aldea de Chi Phat y el trekking por la jungla, pues era uno de los momentos más esperados. Con un proyecto de ecoturismo y desarrollo sostenible, esta aldea ha conseguido reciclar el modo de vida de sus habitantes, que se esmeran en la actualidad en cuidar y preservar su entorno gracias al apoyo de Wildlife Alliance.

Debido al robo que sufrimos en Siem Reap, teníamos un día de retraso en nuestro planning original, pero renunciar a Chi Phat no era una opción, así que tras negociar un coche con conductor (no especialmente barato – 100$ en total por llevarnos a los 6 hasta el destino- pero sí eficiente) que nos llevase desde Phnom Penh hasta Andeung Teuk, emprendimos la marcha. El trayecto nos llevó 3 horas y media y la sorpresa fue grande cuando al llegar a eso de las 18:00 a Andeung Teuk nos dimos cuenta de que como era de noche, no había barcos ni moto-taxis a esas horas para llegar a Chi Phat.

 

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Sin embargo, nuestro conductor se encargó de presentarnos a Ally, probablemente la única persona del pueblo que hablaba inglés, que se encargó de gestionarnos un alojamiento, cena para esa noche y el barco para salir el día siguiente a las 5 de la mañana dirección Chi Phat.

 

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El hotel (por llamarle de alguna forma) fue el peor sitio en el que dormimos en todo el viaje. Si os asustan las cucharachas y las arañas, no es vuestro sitio… ¡O sí! En realidad, las camas tenían todas mosquiteras, pero nadie se atrevió a dormir directamente sobre aquellas sábanas mugrientas. El baño, donde no recuerdo ni siquiera si había ducha, mejor no mencionarlo, y los 10 camboyanos metidos en una habitación de 2 partiéndose de risa mientras veían una peli y nos espiaban en el pasillo, fueron uno de los alicientes de la noche. Sí, el hotel era lo peor, pero era lo único que había en el pueblo y era eso o nada. Además, aún tuvimos la dignidad de regatear y sacamos un precio final de 3$ por persona.

 

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Tras dejar las cosas, nos fuimos a cenar al bajo de una casa, donde no había para escoger, ya que probablemente era la familia de Ally y nos dieron lo que tenían. La comida no fue gran cosa, pero la amabilidad fue extray nos fuimos a dormir muy contentos. Además, al día siguiente empezaría nuestro trekking por la jungla, así que no podíamos pedir más.

Madrugamos mucho, como empezaba a ser ya habitual (también nos acostábamos como las gallinas) y ojo, porque dos niños ya estaban preparados para llevarnos en barca a Chi Phat (el precio eran 25$ por el barco para los 6). De los dos niños, el pequeño seguro no sobrepasaba los 6 años y al mayor no se le echaban más de 12. Sin embargo, manejaban el barco con una pericia digna de admiración.

 

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La ruta hasta Chi Phat fue de dos horas aproximadamente y una vez allí nos dirigimos hacia el centro de visitantes. Les dijimos que queríamos hacer uno de los trekkings de 2 días y 1 noche y que queríamos empezarlo cuanto antes, pues teníamos que recuperar el tiempo perdido debido al robo.

 

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Así pues, nos dieron mochilas de trekking, sacos, mantas, hamacas y 6 botellines de medio litro de agua por persona para los dos días y nos presentaron a Mao, nuestro guía, y al cocinero que vendría con nosotros.

 

CHI PHAT: RACIONANDO EL AGUA Y COMIENDO DE PLATO

Teníamos 14 kilómetros por delante así que lo mejor sería empezar cuanto antes. Dos tercios del trayecto fueron bajo el sol, y cuando vimos el ritmo al que bajaba el agua nos dimos cuenta de que tal vez tendríamos problemas de abastecimiento… El caso es que el agua que nos habían dado era la que se calculaba como necesaria para un día, puesto que por razones de peso se asumía que el día 2 cogeríamos agua del río y tras hervirla… ¡listos para bacterias! A ver, en realidad no se sabe, pero si ya de por sí no es recomendable en Asia beber agua que no sea embotellada, menos aún lo es beber agua de ríos…

 

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Hemos viajado en múltiples ocasiones con pastillas potabilizadoras y justo en esta ocasión no las teníamos… Así que aquí cada uno podía hacer lo que quisiese con sus 6 botellas: bien racionarlas o bien beberlas sin piedad y luego tomar del agua mala. Eso sí, así como para el agua había que racionar, la comida sobraba. Si en Europa cuando te haces un trekking te llevas unos bocadillos o a lo sumo un tupper con algo de comida preparada, en Chi Phat llevábamos a un cocinero equipado con sartén, cacerolas, platos, cubertería, arroz, carne, verduras… Todo listo para cocinar platos calientes en cualquier momento.

 

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CHI PHAT: SALTOS DESDE CASCADAS

Llegamos al final del trayecto del día uno del trekking y nos encontramos con una especie de caseta elevada algo así como un metro sobre el suelo, donde había postes preparados para atar las hamacas y estar a cubierto del sol, del rocío y de los animales nocturnos. Mientras Mao y el cocinero (del que no recordamos el nombre) preparaban la comida-cena nosotros fuimos a la cascada a darnos un baño, saltar como locos y agotar nuestras energías.

 

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CHI PHAT: NOCHES GÉLIDAS EN HAMACAS Y MIEDO EN LA NOCHE

Después de cenar, sobre las 6 de la tarde ya era de noche y no teníamos sueño, pero poco podíamos hacer. Pasamos un rato contando historias de terror y después decidimos que era hora de probar las hamacas. Lo que no nos imaginábamos era el frío que íbamos a pasar por la noche. Lo que por el día era un lugar casi asfixiante, de noche se convertía en un lugar donde hacía un frío horrible, sobre todo debido a la humedad del río. No sobraban ni las mallas, ni el polar, ni el chubasquero plasticoso antitraspirable, ni la manta. Pasamos la mitad de la noche en vela entre el frío y los ruidos de los animales tras una total oscuridad. En un determinado momento, Jorge me pidió que alcanzase su polar de la mochila… Pero tuve que negarle el favor porque una tarántula enorme descansaba plácidamente sobre ella.

 

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CHI PHAT: EVITANDO LAS SANGUIJUELAS Y EL AGUA MALA

Amanecimos temprano, a eso de las 6, y después de desayunar un plato de noodles con vegetales y recoger hamacas y demás, arrancamos, pues teníamos 20 Km de trekking por delante. Al principio nos lo tomamos con calma, pero una vez que entramos a la zona de subida empinada, por medio de jungla y con cientos de sanguijuelas, cada vez el ritmo era más acelerado.

 

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Después de una hora y pico a ritmo rápido, entre árboles y lianas por fin salimos a una llanura fuera de la zona de sanguijuelas. Pero a pesar de lo protegidos que íbamos, todavía las malditas fueron capaces de atravesar botas y calcetines y picarnos. Es un poco asqueroso ver cómo te muerden, pero no deja de ser una anécdota que contar (conste que 7 meses más tarde todavía tengo la marca).

 

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Además de estar picados, ya casi no nos quedaba agua embotellada y toda la otra era agua hervida del río que Mao había preparado por la mañana. Me moría, pero literalmente, de la sed, y aún con todo no quise beber ni una gota de la que llamábamos el agua mala. De los 6, creo que 3 bebieron y 3 no. Ninguno se puso enfermo, pero igualmente, si hubiésemos tenido las pastillas potabilizadoras, la caminata de 20 Km en 4 horas con un sol de justicia (con parada para cocinar y comer por el medio)  hubiese sido más llevadera.

 

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MOTO-TAXI: SECUESTRO A LAS 3 

Después de tanta caña que le dimos al trekking a la 1 del mediodía más o menos ya estábamos de regreso en la aldea, y decidimos que queríamos volver a Andeung Teuk y de allí seguir nuestra ruta hacia Sihanoukville.

 

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Para llegar más rápido y como ya habíamos subido a Chi Phat en barca, decidimos regresar en moto-taxi (en Camboya no está permitido que los turistas conduzcan motos), así que la chica del centro de información se encargó de conseguirnos 6 moto-taxis y un coche que nos esperaría en Andeung Teuk.

La aventura en moto-taxi fue divertida, aunque yo pasé miedo. Primero, por la forma en que los conductores me miraban y se echaban risitas mientras cruzábamos el río con las motos sobre la balsa. Segundo, porque tras salir casi de primera, empecé a ver cómo poco a poco todos mis amigos me adelantaban y me quedaba muy atrás, con un conductor raruno, sin mi mochila, ni dinero, ni teléfono ni nada… Y empecé a tener miedo. Así que cuando Miguel, el último, me adelantó, le grité que me quedaba sola, que me esperasen y que no tenía nada conmigo. Que si tardaba mucho pidiesen ayuda. Tal vez fue una paranoia, pero en ese momento sufría por mi vida. Pensaba que el pobre chico me iba a violar o algo (lo que hace el subconsciente…), pero al final, 20 minutos más tarde que todos los demás, allí llegué yo… Y todos riéndose de mí, claro.

 

UN COCHE, 5 PLAZAS Y 8 PASAJEROS

Cuando la chica de Chi Phat nos dijo que iríamos algo apretados en el coche, imaginábamos que tal vez sería una furgo pequeña. Lo que menos esperábamos es tener que pasar 3 horas metidos los 4 chicos en el asiento de detrás, Nuria y yo en el del copiloto… Y, ¡OJO! Un tipo con sombrero de cowboy compartiendo asiento con el conductor. Eso sí que es aprovechamiento del espacio y lo demás son tonterías. Fue una tortura de viaje pero… ¿y la anécdota? ¿qué pasa con la anécdota? :D

 

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AND REMEMBER…

 

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CONSEJOS PARA VISITAR LA JUNGLA EN CHI PHAT

 

  • Llevar gorro
  • Llevar spray anti-mosquitos extra fuerte
  • Ropa de abrigo para la noche
  • Pastillas potabilizadoras
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